Secuelas sensoriales derivadas de accidente

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Secuelas sensoriales derivadas de accidente
El artículo 69 de la Ley 35/2015 recoge lo siguiente en lo que a secuelas físicas, intelectuales o sensoriales : “El resarcimiento del perjuicio particular por discapacidad física, intelectual o sensorial, previa al accidente o a resultas del mismo, tiene por objeto compensar la alteración perceptible que el fallecimiento de la víctima provoca en la vida del perjudicado.

2. Para que este perjuicio sea resarcible se requiere como mínimo un grado de discapacidad del treinta y tres por ciento, que se acredita mediante resolución administrativa o cualquier otro medio de prueba admitido en Derecho.

3. Este perjuicio se resarcirá mediante un incremento de la indemnización básica que le corresponda, que oscilará entre el veinticinco y el setenta y cinco por ciento, en atención al grado de discapacidad, la intensidad de la alteración y la edad del perjudicado.”

Este resarcimiento por secuelas sensoriales, tal y como detalla el artículo, busca compensar los cambios que a partir de ahora tendrá que soportar en su día a día el damnificado.

Para que este perjuicio sea indemnizable, requiere al menos un grado de 33% de discapacidad, pudiendo acreditarse el mismo mediante resolución administrativa o cualquier otro medio de prueba lícito en Derecho.

Además de ello, también se requiere que esta lesión comporte algún tipo de alteración en la vida del perjudicado.

Este punto es controvertido ya que aparece la duda de si para lograr ese 33% de discapacidad sensorial se deben tener o no en cuenta los factores sociales y físicos de la persona.

Este daño es indemnizado incrementando la cantidad básica que le corresponda, oscilando entre el 25% y el 75%, dependiendo todo ello del grado de discapacidad, intensidad de la alteración, edad y situación del lesionado.

El sistema indemnizatorio anterior solo cubría la discapacidad física y psíquica del lesionado, pero no la sensorial y únicamente se reconocía el derecho a esta cuando la misma fuese anterior al accidente. Es una novedad el hecho que la discapacidad sensorial sea reconocida al nivel de las anteriores.

Las secuelas sensoriales aparecen enmarcadas dentro del perjuicio personal básico de los particulares. El régimen de valoración económica del daño sufrido aparece reflejado en el baremo económico de la tabla 2.A.1 de la Ley 35/2015. Esto se calcula mediante un porcentaje de menoscabo expresado en puntos, con un máximo de 100, sin tomar en consideración la edad o el sexo del lesionado.

Uno de los cambios entre la antigua regulación legal y la nueva Ley 35/2015 de 22 de septiembre es que cuando un particular sufra un daño, y del mismo deriven secuelas y lesiones, si el culpable es un menor de 14 años o una persona que sufra menoscabo físico, intelectual, sensorial u orgánico y esto les priva de capacidad de culpa civil, se efectuará acción de repetición contra los progenitores, tutores o personas físicas a su cargo. Esta acción de repetición no reduce la cuantía de la indemnización.

Esto no será aplicable cuando el menor o la persona discapacitada realizan el daño que provoca secuelas mediante dolo. Si la víctima capaz de culpa civil sólo contribuye a la producción del daño, no ejecutándolo de forma plena e intencionada sino agravando el mismo de manera accesoria al hecho principal, se pueden ver vistas las indemnizaciones hasta un 75%, como máximo, de lo que hubiese debido abonarse inicialmente.

Con esta compensación se busca suplir los gastos que genera la nueva condición de vulnerabilidad y dependencia a la que ahora debe enfrentarse el perjudicado. Se admite que la discapacidad sea previa o que derive del siniestro que da derecho a indemnización.

El accidente sufrido puede ocasionar una pérdida temporal de calidad de vida o definitiva. Esta pérdida se entiende definitiva cuando las secuelas provoquen un menoscabo permanente en el afectado, impidiéndole con ello realizar todas o algunas de las actividades esenciales de la vida ordinaria y de las actividades de desarrollo personal. Según el IMSERSO la calidad de vida es el estado de bienestar emocional, material y físico que permite ejercer los derechos personales y actuar con autodeterminación, todo ello en el marco de las relaciones sociales.

El Baremo de la Ley 35/2015 de accidentes de circulación, relaciona la pérdida de Calidad de Vida con el menoscabo que provocan las lesiones y el consecuente tratamiento de estas, en las Actividades Esenciales de la Vida Ordinaria y las Actividades de Desarrollo Personal de la víctima. El mismo sirve para indicar tanto lesiones sufridas en un accidente de tráfico como en accidentes de trabajo, deporte, caídas, daños en la calle, agresiones etc.

El citado Baremo entiende que son Actividades Esenciales de la Vida Ordinaria algunas como comer, beber, desplazarse, vestirse, sentarse y en general cualquier actividad que indique autosuficiencia física o psíquica.

Por otro lado, la pérdida de Autonomía Personal se entiende como un menoscabo físico, intelectual, sensorial u orgánico que impide al lesionado la realización de las actividades esenciales de la vida ordinaria.

Las Actividades de Desarrollo Personal son las relativas al disfrute o placer diario, por ejemplo la práctica de sexo, deporte, ocio, desarrollo de un trabajo etc, es decir la ejecución de alguna acción que introduce al individuo con la sociedad.

La valoración de este daño y su pertinente indemnización la debe calcular un perito médico en base a la Ley 35/2015, en la que se establecen unos mínimos y unos máximos en función de la secuela.

La indemnización por pérdida temporal de calidad de vida puede calificarse como moderada, grave o muy grave. Ello depende del impedimento que provoquen las lesiones en las actividades esenciales de la vida ordinaria y el desarrollo personal.

Un ejemplo de pérdida temporal de calidad de vida muy grave sería cuando, por ejemplo, el lesionado tuviese que pasar ingresado varios días en la UCI. La cuantía se calcula por días y para el año 2016 es de 100€ por cada día de pérdida temporal de calidad de vida muy grave, 75€ grave, y 52€ moderado.

La indemnización por pérdida definitiva de calidad de vida ocasionada por secuelas puede valorarse como muy grave, grave, moderada o leve dependiendo del daño que provoquen.

Un perjuicio permanente muy grave, en 2016, oscila entre 90.000 y 150.000 euros de indemnización.
Estamos ante un perjuicio grave cuando se pierde de forma permanente la autonomía para realizar alguna de las AEVO o la mayoría de las ADP. Se considera también pérdida de calidad de vida grave la incapacidad permanente absoluta para trabajar. La indemnización por esto, en 2016, va de 40.000 a 100.000 euros.

Un perjuicio moderado, o la incapacidad permanente total para trabajar, nos concedería una indemnización de 10.000 a 50.000 euros.

Por último, estaríamos ante un perjuicio leve cuando el lesionado sufre secuelas de más de 6 puntos y no puede realizar determinadas actividades de especial trascendencia para su desarrollo personal. En el ámbito laboral, sería el equivalente a la obtención de la incapacidad permanente parcial. Su indemnización para el año 2016, va de 1.500€ a 15.000€.

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