Cirugía estetica mal hecha. Jurisprudencia

Abogados indemnización negligencias médicas en operaciones de cirugía estetica mal hecha

Jurisprudencia

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Daño desproporcionado en operación de cirugía estética

La STS de 27 de diciembre de 2011, rec. n.º 2069/2008 en relación al daño desproporcionado en una operación estética. “El daño desproporcionado no es un criterio de imputación. Es aquél no previsto ni explicable en la esfera de su actuación profesional y obliga al profesional médico a acreditar las circunstancias en que se produjo por el principio de facilidad y proximidad probatoria. Se le exige una explicación coherente acerca del por qué de la importante disonancia existente entre el riesgo inicial que implica la actividad médica y la consecuencia producida, de modo que la ausencia u omisión de explicación puede determinar la imputación, creando o haciendo surgir una deducción de negligencia“.

Imputación objetiva en negligencias médicas de cirugía estetica

La STS de 24 de marzo de 2005, rec. n.º 4088/1998 en relación a la teoría de la imputación objetiva, aunque en la misma se refiere a unas pruebas realizadas en urgencias, se podrían extrapolar estos resultados a una intervención estética en la que un paciente sufre daños, por ejemplo, por una mala reacción a un medicamento que le suministran para paliar el dolor “cuando doña F. fue examinada en el servicio de urgencias del Hospital Universitario de Valladolid no presentaba un cuadro alarmante de cefaleas que aconsejara la realización de otras comprobaciones distintas a las que le fueron practicadas [...] aun en el caso de que la omisión de la realización de una Tomografía Axial Computerizada constituyera un actuar negligente, no es posible afirmar categóricamente que su práctica hubiera evitado la muerte de la paciente, pues no se hubiera podido realizar la intervención quirúrgica referida por la parte demandante”.

Responsabilidad objetiva por productos defectuosos en negligencias médicas estéticas

La STS de 9 de diciembre de 2010, rec. n.º 1433/2006, en relación con la responsabilidad objetiva por productos defectuosos, concretamente referente a la implantación de prótesis mamarias, declara que son defectuosos los productos que no responden a la seguridad que cabe legítimamente esperar de su uso por falta de comprobación en el momento de la puesta en circulación de la falta de toxicidad o peligrosidad, cuando esta aparece como razonablemente posible.

Responsabilidad objetiva por productos defectuosos en negligencias médicas estéticas

La STS de 9 de diciembre de 2010, rec. n.º 1433/2006, en relación con la responsabilidad objetiva por productos defectuosos, concretamente referente a la implantación de prótesis mamarias, declara que son defectuosos los productos que no responden a la seguridad que cabe legítimamente esperar de su uso por falta de comprobación en el momento de la puesta en circulación de la falta de toxicidad o peligrosidad, cuando esta aparece como razonablemente posible.

La STS de 6 de junio de 2012, rec. n.º 1111/2009 completa la anterior añadiendo que esta responsabilidad es independiente de la que puede corresponder por razón de la fabricación de un producto defectuoso al laboratorio fabricante del medicamento por un defecto de información en el prospecto, indicando, entre otros extremos, los efectos adversos.

Resultado en operación de cirugía estética

La STS de 22 de noviembre 2007, rec. nº 4358/2000 acerca del resultado que se debe obtener tras una operación estética “Los actos de medicina voluntaria o satisfactiva no comportan por sí la garantía del resultado perseguido, por lo que sólo se tomará en consideración la existencia de un aseguramiento del resultado por el médico a la paciente cuando resulte de la narración fáctica de la resolución recurrida (así se deduce de la evolución jurisprudencial, de la que son expresión las SSTS 25 de abril de 1994, 11 de febrero de 1997, 7 de abril de 2004, 21 de octubre de 2005, 4 de octubre de 2006 y 23 de mayo de 2007)”.

Consentimiento informado en operaciones de cirugía estética

En relación al consentimiento informado tenemos la STS de 19 de junio de 2007, rec. nº 2047/2000 la cual declara “ (i) que la obligación de informar corresponde a los profesionales que practicaron la intervención y al Centro hospitalario; (ii) la «especial intensidad de ese deber en los casos de medicina no estrictamente necesaria», y (iii) «que la inexistencia de información es un hecho negativo cuya demostración no puede imponerse a quien lo alega”.
La STS de 21 de diciembre 2006, rec. nº 19/2000 recoge que “[...] en ningún caso el consentimiento prestado mediante documentos impresos carentes de todo rasgo informativo adecuado sirve para conformar debida ni correcta información.”

La jurisprudencia más reciente en relación con el deber de información cuando se trata de medicina satisfactiva aparece recogido en la STS de 21 de octubre de 2005 declarando lo siguiente “El deber de información en la medicina satisfactiva -en el caso, cirugía estética-, en la perspectiva de la información dirigida a la obtención del consentimiento para la intervención [...] como información objetiva, veraz, completa y asequible, no solo comprende las posibilidades de fracaso de la intervención, es decir, el pronóstico sobre las probabilidad del resultado, sino que también se debe advertir de cualesquiera secuelas, riesgos, complicaciones o resultados adversos se puedan producir, sean de carácter permanente o temporal, y con independencia de su frecuencia y de que la intervención se desarrolle con plena corrección técnica. Por lo tanto debe advertirse de la posibilidad de dichos eventos aunque sean remotos, poco probables o se produzcan excepcionalmente, y ello tanto más si el evento previsible -no debe confundirse previsible con frecuente (S. 12 enero 2001)- no es la no obtención del resultado sino una complicación severa, o agravación del estado estético como ocurre con el queloide.” Esta doctrina es confirmada, entre otras, por la STS de 23 de mayo de 2007, rec. nº 1984/2000.

La STS de 22 de septiembre de 2010, rec n.º 1004/2006, en relación con el consentimiento informado en cirugía estética declara que éste debería hacerse por escrito ya que “También es doctrina reiterada de esta Sala que la exigencia de la constancia escrita de la información tiene, para casos como el que se enjuicia, mero valor "ad probationem" (SSTS 2 octubre 1997; 26 enero y 10 noviembre 1998; 2 noviembre 2000; 2 de julio 2002; 29 de julio de 2008), garantizar la constancia del consentimiento y de las condiciones en que se ha prestado, pero no puede sustituir a la información verbal, que es la más relevante para el paciente, especialmente en aquellos tratamientos continuados en los que se va produciendo poco a poco dentro de la normal relación existente con el médico, a través de la cual se le pone en antecedentes sobre las características de la intervención a la que va a ser sometido así como de los riesgos que la misma conlleva; habiendo afirmado la sentencia de 29 de mayo de 2003, que debe al menos "quedar constancia de la misma en la historia clínica del paciente y documentación hospitalaria que le afecte", como exige en la actualidad la Ley de 24 de noviembre de 2002; doctrina, por tanto, que no anula la validez del consentimiento en la información no realizada por escrito, y que exige como corolario lógico invertir la carga de la prueba para que sea el médico quien pruebe que proporcionó al paciente todas aquellas circunstancias relacionadas con la intervención mientras este se halle bajo su cuidado, incluyendo diagnóstico, pronóstico y alternativas terapéuticas, con sus riesgos y beneficios”.

Daños y perjuicios derivados de la ausencia de consentimiento informado en estética

La STS de 16 de enero de 2012, rec. n.º 2243/2008, intenta recientemente una sistematización de los criterios de identificación y cuantificación del daño corporal, moral y patrimonial que pueden resultar de la falta de consentimiento informado, admitiendo que la indemnización puede fijarse “(a) Por los totales perjuicios causados, conforme a los criterios generales, teniendo en cuenta el aseguramiento del resultado. (b) Con el alcance propio del daño moral, en razón a la gravedad de la intervención, sus riesgos y las circunstancias del paciente, así como del patrimonial sufrido por lesión del derecho de autodeterminación, integridad física y psíquica y dignidad. (c) Por la pérdida de oportunidades o de expectativas, en las que no se identifica necesariamente con la gravedad y trascendencia del daño, sino con una fracción del daño corporal considerado en su integridad en razón a una evidente incertidumbre causal sobre el resultado final, previa ponderación de aquellas circunstancias que se estimen relevantes desde el punto de vista de la responsabilidad médica (gravedad de la intervención, virtualidad real de la alternativa terapéutica no informada; posibilidades de fracaso)”.
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